Revolución de lo minúsculo

La revolución de las cosas pequeñas. De lo minúsculo. De los pasitos. De la atención, observación, presencia. Rebelión en contra de la prisa por llegar rápido y saltarse los pasos. Parar. Aprender a parar y ver lo que ya hay. De los pasitos que das tú, que son, al final, los que arman la revolución.

No es una revolución de cosas grandes, sino de las pequeñas, de las que ya sabías. Que todo el mundo sabe. Revolución de no querer más.

De los vínculos, de más realidad y menos proyección, de aceptación. De pequeños logros que promueven grandes cambios, y de crear cositas con amor.

Creaciones pequeñas, pero claras. Con el corazón y toda la atención y cuidado en ellas. De hacer una cosa a la vez. Con todos tus sentidos. Lo olvidado. Crear estando aquí. Pocas, pequeñas, pero recuperando la magia de lo creado con la intención y entusiasmo totalmente focalizado en lo que haces. Se finalice o no. Tenga sentido o no. Hacer lo que estás haciendo, y nada más, porque sea lo que sea es lo más importante ahora. Eso es darle sentido.

El atrevimiento de amar lo que haces y a quienes te rodean. Antes de seguir buscando.

Crear confiando, no compitiendo. Crear amando ya el proceso, en cada segundo, sin esperar nada más. Desde tu grandeza como el ser que eres, no desde el miedo a ser pequeñx si no lo realizas.

Reivindicación de los pequeños sueños, para que sea posible hacer y finalizar algo. Para no perderse, al menos, en el ego de crear siempre algo más grande, mejor, más lejano…y así perder la energía de tu vida queriendo siempre más.

Invertir en relaciones, crecer en ellas. Poder compartir al menos lo que sí tienes.

Hoy quiero unirme a la gran revolución de parar y observar. Entender los grandes ciclos observando los pequeños. De tu jardín a la tierra. De tu cuerpo al universo.

Hoy quiero quedarme aquí, adentro, y no salir. Hay tanto que ver aquí. Proyectar desde dentro, y no buscar a kilómetros de aquí.

Hoy no creo en el absurdo de pensar que no podemos parar porque no hay tiempo, mientras lo gastamos corriendo de aquí para allá. Porque nadie nos ha contado lo bueno de parar. O no lo hemos querido escuchar. A veces odiamos las contradicciones, sobre todo cuando choca con lo más inconsciente y profundamente asimilado. Y lo que leemos sobre el sentido de la vida no es compatible con lo subliminal, lo que nos gritan sutilmente las 24 horas. Alguien con más recursos para convencerte que tu propia voz.

Pero no quiero olvidar la maravilla de observar los regalos que nos ofrece nuestro alrededor. Redescubrir lo que nuestra percepción nos puede ofrecer con tan solo mirar, aquí, un buen rato. Quedarte embobadx mirando algo hasta que lo inunda todo, visiones extraordinarias, aquí. Donde estás.

Hoy me siento así, y quiero recordar que una parte de mí sabe que esto, lo minúsculo, tiene un valor enorme, aunque me vuelva a dejar llevar por los grandes sueños, las expectativas, las carreras ciegas, las frustraciones, la saturación de planes, el querer siempre más, fuera, lejos, grande. Llenando el tiempo, que dicen que es demasiado escaso.

Porque me lo han grabado con tinta en la piel, aunque mi voz cada vez hace más ruido, tiene más recursos, no se va a ir ya. Y como nunca nada es tan simple, ni blanco ni negro, ni ideal ni catastrófico, dejaré que se vayan mezclando, pero poniendo más fuerza en recordar esta, la amenazada, en peligro de extinción: el valor lo pequeño.

2 comentarios sobre “Revolución de lo minúsculo

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  1. Ésa es toda una revolución, claro que sí. Creo que cada día se suma más gente a ella, pero aún falta mucho por recorrer. De todos modos, bien vale la pena ir recorriendo ese camino, aunque sea en solitario.

    Un abrazo.

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