Lasbe: el placer de caer

Seguro que has experimentado alguna vez el placer de caer. De dejarte caer. De estar abajo. ¿Por qué placer, si aparentemente debemos desear estar felices, motivados y con energía todo el tiempo? Será eso, un descanso de esta presión. Descanso en un vacío de expectativas. Una pausa de siempre llegar a tiempo, llegar al final, llegar hasta arriba. Y más. El alivio de no querer nada, por un rato. Dejar de resistir, de forzar. No hay frustración, no hay fracaso.

No eres protagonista por un rato, no eres la responsable de toda tu vida. Desaparecer un rato de tu historia, de tus planes, de tus metas. Caer bajo tiene muy mala fama, y a mí en cambio me recuerda al zen, ese perder tu historia personal, perder algo de ego, dejar de buscar. No digo que se deba vivir en un dejarse caer, pero sin duda nosotros, como vida y parte del todo, necesitamos del equilibrio. Equilibrio que a veces no aceptamos. Y que requiere de este subir y bajar, necesita un respiro, bajar de la cima para coger oxígeno. O al menos este placer que surge del dejarse caer debería hacerte sonar la alarma de que algo está siendo forzado. Si tanto ansías ese descanso, abandonarlo todo por un momento, quizás habías acelerado demasiado. Y si no te permites ese equilibrio, este momento puede alargarse sin que esa decisión esté en tus manos.

Y ahí la otra gran amiga olvidada. Injustamente menospreciada. El placer de la tristeza. Todos hemos oído muchas veces que debemos aceptar lo malo, que no existe una vida sin problemas, luz sin oscuridad, y que estos forman un todo indisoluble. No aceptar “lo malo” es lo que nos lleva a la desesperación e insatisfacción permanente. Y estoy muy de acuerdo. Pero voy más allá, ¿es realmente malo, un defecto que hay que sufrir? ¿Habéis sentido alguna vez esa sensación de simplemente desear quedarte en la cama, prepararte un té, cuidarte, de estar sensible y llorar fácilmente, recordar el pasado, necesitar cariño…?¿Tan terrible es? Adoro estar sensible, me siento más conectada a todo. Siento más amor. Me hace valorar cosas importantes, como el contacto y cariño de otras personas, y recordar los momentos más bellos.

Pero parece que la introspección da miedo. Hemos aprendido a temerla, a temernos.

Y consigas disfrutar de la tristeza o no, es tan necesaria como las otras emociones, que si surgen, es porque nos han ayudado en nuestro desarrollo y tienen algo que nos beneficia. Quizás otras emociones han quedado algo desfasadas, y eran más útiles cuando recolectábamos y cazábamos, y las seguimos sintiendo a flor de piel. Pero la tristeza, esa necesidad de parar, dejarlo todo por un momento, reflexionar sobre tu momento, verte desde fuera, ir hacia dentro, nos es más necesaria que nunca. O al menos, tanto como siempre lo ha sido. Puede dar pie a un cambio o puede ofrecerte simplemente un descanso en tu frenética vida. Puede recordarte algo olvidado. Te ofrece tiempo para ti y contigo, de cualquier forma, que es de las cosas más valiosas y menos usadas hoy en día.

De todas formas, somos unos analfabetos emocionales. Es muy posible que no estés de acuerdo con lo anterior, porque podemos llamar tristeza a tantas cosas, desde esa sensación aquí descrita hasta aquella depresión acompañada de una ansiedad insoportable. Y esa es otra, nos faltan tantas palabras para describir la ansiedad. Usamos la misma palabra para referirnos a ese no poder parar de comer, no estar quieto, sin saber por qué, y a la ansiedad que se vive cuando tienes un ataque, ese pánico a la vida, a la existencia misma que, para quien lo haya sentido, no hace falta que diga que nada tiene que ver con la primera definición. Tenemos un rico vocabulario para muchas otras cosas, sí, y si nos falta, las tomamos de otras lenguas. Pero hablar de las emociones, de momento, no nos parece tan importante.

Sin esas palabras, nos cuesta reflexionar sobre las emociones. Darles un giro. Reinterpretarlas.  Cuestionarlas. Aceptarlas. Integrarlas.

Pero propongo pasar de la RAE (que nunca está de más) y empezar a enriquecer nuestro diccionario emocional. Crear nuevas palabras con los matices que más necesites para expresarte plenamente, o tomar prestadas aquellas que ya existen en otros idiomas. Libre de juicios sobre si son negativas o positivas.

Empiezo por “lasbe”: el placer de caer, de dejarte ir, de dejar de oponer resistencia, de buscar.

¿Más ideas?

Un comentario sobre “Lasbe: el placer de caer

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  1. No tengo ninguna palabra en este mismo momento, pero me gustó la idea general de tu entrada y no estaría mal aplicarla más a menudo (porque, modestamente, es algo que suelo hacer cada tanto).

    Un abrazo.

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