Imagínate ahora

Dónde estar. Cómo elegir un lugar, en cada momento, tan solo uno. Parece tan evidente y a la vez tan absurdo. Cómo lidiar con esta mente expansiva e inmensa y a la vez, un solo cuerpo, un solo lugar, en cada momento. Quizás la mente no lo acaba de aceptar, no asimila ese gran obstáculo. O lo que percibe como obstáculo, que es también su única salida.

Única puerta a la realidad, al sentir, a la vida, y único obstáculo a la inmensidad de posibilidades que se pueden desear e imaginar. Límite y senda a la vez. Como un ave que a pesar de tener alas y poder siempre volar, solo retoma su esencia al bajar y descansar, comer, criar, nutrir. Su vida está abajo y el volar lo hace quien es. Su destino, vivir entre dos mundos.

Conseguir estar solo aquí, en un lugar en cada momento, solo donde el cuerpo está presente, sería renunciar a la maravilla de esta capacidad de fantasear, proyección que a veces nos lleva a la creación, aunque suponga la ansiedad de sentir que no llegas, que pierdes algo, que siempre podrías hacer más. Sería perder todas esas divagaciones previas que te permiten finalmente decidirte por algo, aunque sea por un tramo, y dirigirte hacia allí.

Me pregunto si no se ha vuelto peor conexión a tiempo real con el mundo en casi toda su vastedad, la aparición delante nuestro de nuevos mundos, o más bien la posibilidad de ver constantemente aquellos que antes solo estaban en nuestra mente. Están ahí, otras vidas, a cada segundo viviendo lo imaginado y lo inimaginable, creando, realizando, creando realidades segundo a segundo. Mi mente solo ve esas posibilidades, sin entender del todo que son millones de cuerpos, viviendo cada uno solo una realidad a la vez. Y la mente se acelera, se excita, se frustra, se agota. Cómo perder el tiempo estando solo aquí, con tantos lugares adonde llegar en tan poco tiempo. Cómo escoger solo una cosa, que llegue a igualar a todo aquello que los demás, esa masa difusa en mi mente, han conseguido ya.

Y la realidad, la vida, el sentir, se encuentran difuminados en el ahora, se pierden en la nube, se distorsiona aún más la verdad tangible, se olvidan y niegan sus límites y nos condenamos a vivir no aceptando, vivir siempre mirando más allá.

Lo extraordinario de esto es que a veces llegas, consigues, haces cosas grandiosas y dignas de la carrera y de haber vivido en el más allá. Lo malo, que solo nos llega esta última parte. Lo que vemos, entonces, está todo conseguido, completado, realizado. Todo son éxitos a nuestro alrededor. Y a la vez que son una inspiración a veces necesaria, nos falta conocer el proceso, los fracasos y las renuncias, nos falta valorar otras posibilidades que no sean el aclamado éxito, para poder escoger qué hacer con nuestra existencia y nuestro único cuerpo, aquí y ahora.

Cómo no perdernos en esa superficialidad, cómo no convencernos de lo que vemos si siempre vemos solo una sola cara, si nos llega una realidad fragmentada, una verdad a medias, un alud de información e imágenes que alimentan nuestra imaginación y acrecientan nuestro deseo. Cómo recordar lo que le da sentido a todo, el porqué y para qué, entre tanto resultado rápido. Cómo recordar la fuente, donde emerge todo lo demás, la quietud del vivir sin más y honrar el cuerpo y la vida desligada de objetivos y planes. Cómo volver a la vida, si no bajamos.

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