El hilo que no se rompe

“Y todo, inevitable como fue, queda como perfecto en mi recuerdo”

Esas palabras imagino cruzar por mente, una única vez, pero altas y claras. Sin tantas dudas como acostumbro. Después, con el tiempo y distancia de por medio. Con la vida a mis espaldas, serán firmes ante lo vivido.

“No me arrepiento de nada”. Me imagino pensando, o más bien sintiendo, contundentemente en el final. En cada pequeño final y en el gran final. En contra de todo pronóstico e independientemente de lo que me quede por vivir y de como lo haga. “No me arrepiento de nada, porque no había otra forma”.

Y aún sabiéndolo, y con lo fácil que sería entenderlo ya ahora, no puedo. No podemos saltarnos este gran paso para llegar a su comprensión final. Pero curiosamente, aunque llegue tarde, tengo la sensación de que ese momento lo sentiremos como una gran ola hacia nosotros que empapará toda aquella vida a nuestras espaldas. No importará que llegue tarde, porque la sensación será eterna. Impregnando el pasado y el futuro, de un sola vez, uniéndonos a lo atemporal, a los que están  y a los que no están y, las lineas desaparecen.

Su tardanza no será amarga, porque vendrá con la comprensión de que todo era necesario, toda esa preocupación, esos miedos, esa frustración de no querer lo que es, lo que eres, estaba en el camino que te llevó adonde estás. No será amarga porque el amor y compasión lo diluirán, y la comprensión de lo que es, como lo único posible, te habrá liberado ya de la frustración.

Y con todos los errores e inesperados giros y finales que llevaré acumulados, habrá un pequeño hilo conductor que siempre habrá estado ahí. Un hilo que siempre habrá estado  presente en cada decisión, cada pérdida, cada cambio, cada intento de búsqueda de sentido. Y ese hilo, aún con todo, estará impecable.

Siempre has estado ahí, como un hilo que une el primer momento con el último, y todos los demás, intentándolo una y otra vez, sin poder ver con claridad, excepto algunos momentos, y hasta el final. Siempre has estado ahí, te conoces bien y no hay nada que perdonar, que disculpar, porque te comprendes. Y aun cuando no lo sabías, siempre has sido tú el hilo conductor. Y no te arrepientes de nada.

Comprenderé que no era necesario tomar la vida con tanto sigilo, y más que tratarla como un delicado cristal a punto siempre de romperse, la podía haber vivido como el diamante valioso que es. Pero no importará, porque será en ese momento que lo comprenda de verdad, y no hay forma de comprenderlo antes del momento adecuado. La cercanía del final, la sacudida de una pérdida cercana, el tambaleo que te muestra a veces la vida del revés, te ayuda a comprender que hay mil formas de percibirla. Pero no es fácil cambiar de perspectiva, no es fácil alejarse, si no estás cerca de algún final.

Y aunque no consiga todavía salir de este círculo, no comprenda del todo lo que quiero comprender, me queda el alivio de saber que no importará, de que es y será inevitable, de que las prisas no me permitirán saltarme pasos y, al final, me perdonaré esto y aceptaré cada círculo en el que me haya metido, y no me arrepentiré de ninguno de ellos. Agradeceré ser el hilo que, fuerte y resistente, ha ido estirando hacia donde, inevitablemente, nos teníamos que encontrar. Y por suerte habrá ido dejando un rastro de este amor, de principio a fin, que no me permitirá arrepentirme de nada.

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